En
este segundo trabajo acudimos a los relatos orales de sus familiares para
acceder al pasado y poder mirar desde nuestro presente, cómo se vivía durante
el terrorismo de estado, allá por 1976. Aquí abajo, algunos testimonios:

Valentina C. y Luana M.:
“Nuestros padres eran niños pero recuerdan que salían a jugar y los padres los vigilaban constantemente porque pasaban caminando o en camionetas los militares. Sus padres no hablaban del tema con ellos pero les explicaban que era peligroso y que si veían algo sospechoso que se escondieran, que no patearán las cajas en las calles porque podían tener algo adentro. Que no le preguntaran a otras personas que era lo que pasaba y que no hablaran del tema con sus compañeritos de escuela”.
Brenda C.:
“Un esos momentos había hasta ciertos horarios para salir y tampoco se podía de a muchas personas. Una noche, mi abuelo tuvo que salir a comprar un remedio para mi papá, y la farmacia quedaba a unas 10 cuadras. Ahí fue donde lo agarraron y mi abuelo les dijo: -Llévenme si quieren, pero déjenme llevarle el remedio a mi hijo- Lo acompañaron apuntándolo con armas por la espalda hasta llegar a su casa, pero al final mi abuelo entró y no lo llevaron”.
Micol G.:
“Mi abuela Adela era profesora tenía que ir a escondidas y con miedo a la escuela a dar clases por mi abuelo al pertenecer al sindicato de ferrocarril que apoyaba a Perón. Mi abuelo Alberto -por parte de mi mamá- iba a trabajar y le revisan constantemente el auto cuando tenía que ir por el trabajo el dejaba que vieran ya que no tenía nada que esconder, pero una vez fue al trabajo y le explotó una bomba cerca dónde estuvo un día casi sordo nunca supo quién puso la bomba y para que motivo la pusieron”.
Mario J. y Ana Q.:
“Alicia Gili Borghet –la abuela de Ana- tenía 25 años, estaba embarazada y nos cuenta que podía caminar por las calles y que nunca le hicieron nada. La situación del país era alarmante porque mataban y desaparecían las personas, las mismas personas del barrio veían como pasaban los camiones del ejército por las calles y se l@s llevaban. Daniel Antonio Gili Borghet era su hermano, estudiaba y trabajaba, militaba en UES y montoneros. Lo perseguían a él por sus ideales y eso repercutió en la familia, iban a sus casas con los falcon verdes, disfrazados y destrozaban todo a pesar de que Daniel no se encontrara allí. A Daniel un amigo le había ofrecido viajar con él a Salta, lejos de Rosario y él no se quiso ir. Un día lo encontraron los militares y lo asesinaron”.
Ezequiel C.:
Su abuela Beatriz cuenta: “Salíamos a la calle y volvíamos temprano porque si estábamos hasta tarde era peligroso. Durante el día, la música sin sentido nos adormecía los oídos y por la noche los programas “para la familia y sin violencia” nos mandaban a dormir. En el 78, cuando los militares se preocupaban por vender la imagen al exterior de que éramos un país con derechos humanos, las luces de la fiesta también cegaban a las personas que vivían en el interior. Nunca escuchamos el reclamo desesperado de las Madres ni leímos las torturas que sufrían los capturados por el proceso porque los medios no lo mostraban. Sólo cuando llegó la democracia allá por el 1983, se enteraron de los delitos que cometieron los militares y todo su plan para “exterminar a la subversión”. En los pocos programas que se atrevían a difundir el tema, más la poca autocrítica que éstos hicieron por su relación con la dictadura, las voces se fueron abriendo. Luego se fue estabilizando el país nuevamente...”.
Ramiro F.:
Dice que “los chicos de 18 años no confiaban en nadie, fueron 7 años de represión donde los desaparecidos eran consentidos por el terrorismo de estado. Las madres solían ser ejecutadas luego de dar a luz, y el bebe se daba en adopción a una familia militar”.
Fiorella J.:
“Mí abuelo me contó que vivir en ese periodo fue muy similar a lo que está pasando ahora, solo se podía salir a la calle hasta un cierto horario lo que se llamaría toque de queda, no podían tener reuniones familiares, no se podía salir de fiesta, si es que no tenías tu documento te llevaban detenido, solo podías salir si tenias certificado de trabajo”
Jeremías M.:
“Mis abuelos me contaron que no se podía salir a la calle libremente hasta cierta hora porque estaba el estado de sitio, para salir a la calle tenías que tener el documento y si no te detenían. Mi abuela me contó que iba a la secundaria nocturna y tenía compañeros que eran del movimiento montonero. Eran unos hermanos y un día se enteraron que habían sido secuestrados por unos militares. Mataban a los hombres y se llevaban a sus mujeres, los hijos después los daban en adopción y las mujeres eran torturadas hasta la muerte. Mi abuela me contó que un día iban en la camioneta con los suegros y mi papá que era bebe, los pararon y ellos tenían miedo que se lleven a mi papá”.

Valentina C. y Luana M.:
“Nuestros padres eran niños pero recuerdan que salían a jugar y los padres los vigilaban constantemente porque pasaban caminando o en camionetas los militares. Sus padres no hablaban del tema con ellos pero les explicaban que era peligroso y que si veían algo sospechoso que se escondieran, que no patearán las cajas en las calles porque podían tener algo adentro. Que no le preguntaran a otras personas que era lo que pasaba y que no hablaran del tema con sus compañeritos de escuela”.
Brenda C.:
“Un esos momentos había hasta ciertos horarios para salir y tampoco se podía de a muchas personas. Una noche, mi abuelo tuvo que salir a comprar un remedio para mi papá, y la farmacia quedaba a unas 10 cuadras. Ahí fue donde lo agarraron y mi abuelo les dijo: -Llévenme si quieren, pero déjenme llevarle el remedio a mi hijo- Lo acompañaron apuntándolo con armas por la espalda hasta llegar a su casa, pero al final mi abuelo entró y no lo llevaron”.
Micol G.:
“Mi abuela Adela era profesora tenía que ir a escondidas y con miedo a la escuela a dar clases por mi abuelo al pertenecer al sindicato de ferrocarril que apoyaba a Perón. Mi abuelo Alberto -por parte de mi mamá- iba a trabajar y le revisan constantemente el auto cuando tenía que ir por el trabajo el dejaba que vieran ya que no tenía nada que esconder, pero una vez fue al trabajo y le explotó una bomba cerca dónde estuvo un día casi sordo nunca supo quién puso la bomba y para que motivo la pusieron”.
Mario J. y Ana Q.:
“Alicia Gili Borghet –la abuela de Ana- tenía 25 años, estaba embarazada y nos cuenta que podía caminar por las calles y que nunca le hicieron nada. La situación del país era alarmante porque mataban y desaparecían las personas, las mismas personas del barrio veían como pasaban los camiones del ejército por las calles y se l@s llevaban. Daniel Antonio Gili Borghet era su hermano, estudiaba y trabajaba, militaba en UES y montoneros. Lo perseguían a él por sus ideales y eso repercutió en la familia, iban a sus casas con los falcon verdes, disfrazados y destrozaban todo a pesar de que Daniel no se encontrara allí. A Daniel un amigo le había ofrecido viajar con él a Salta, lejos de Rosario y él no se quiso ir. Un día lo encontraron los militares y lo asesinaron”.
Ezequiel C.:
Su abuela Beatriz cuenta: “Salíamos a la calle y volvíamos temprano porque si estábamos hasta tarde era peligroso. Durante el día, la música sin sentido nos adormecía los oídos y por la noche los programas “para la familia y sin violencia” nos mandaban a dormir. En el 78, cuando los militares se preocupaban por vender la imagen al exterior de que éramos un país con derechos humanos, las luces de la fiesta también cegaban a las personas que vivían en el interior. Nunca escuchamos el reclamo desesperado de las Madres ni leímos las torturas que sufrían los capturados por el proceso porque los medios no lo mostraban. Sólo cuando llegó la democracia allá por el 1983, se enteraron de los delitos que cometieron los militares y todo su plan para “exterminar a la subversión”. En los pocos programas que se atrevían a difundir el tema, más la poca autocrítica que éstos hicieron por su relación con la dictadura, las voces se fueron abriendo. Luego se fue estabilizando el país nuevamente...”.
Ramiro F.:
Dice que “los chicos de 18 años no confiaban en nadie, fueron 7 años de represión donde los desaparecidos eran consentidos por el terrorismo de estado. Las madres solían ser ejecutadas luego de dar a luz, y el bebe se daba en adopción a una familia militar”.
Fiorella J.:
“Mí abuelo me contó que vivir en ese periodo fue muy similar a lo que está pasando ahora, solo se podía salir a la calle hasta un cierto horario lo que se llamaría toque de queda, no podían tener reuniones familiares, no se podía salir de fiesta, si es que no tenías tu documento te llevaban detenido, solo podías salir si tenias certificado de trabajo”
Jeremías M.:
“Mis abuelos me contaron que no se podía salir a la calle libremente hasta cierta hora porque estaba el estado de sitio, para salir a la calle tenías que tener el documento y si no te detenían. Mi abuela me contó que iba a la secundaria nocturna y tenía compañeros que eran del movimiento montonero. Eran unos hermanos y un día se enteraron que habían sido secuestrados por unos militares. Mataban a los hombres y se llevaban a sus mujeres, los hijos después los daban en adopción y las mujeres eran torturadas hasta la muerte. Mi abuela me contó que un día iban en la camioneta con los suegros y mi papá que era bebe, los pararon y ellos tenían miedo que se lleven a mi papá”.
Victoria A.:
“Fueron siete años de oscuridad, censura y represión. Hubo desapariciones consentidas por el terrorismo del Estado. Murieron personas que nada tenían que ver con la corriente política. Fueron perseguidas, reclutadas, torturadas y ejecutadas en centros clandestinos. El vuelo de la muerte fue atroz”.
“Fueron siete años de oscuridad, censura y represión. Hubo desapariciones consentidas por el terrorismo del Estado. Murieron personas que nada tenían que ver con la corriente política. Fueron perseguidas, reclutadas, torturadas y ejecutadas en centros clandestinos. El vuelo de la muerte fue atroz”.
Julieta S.:
Le pedí a mi vecina Marta que me cuente: “Ella vino de Uruguay con sus hijos y su pareja extranjera a Argentina en el 76 antes de la dictadura. Adquirió una casa de dos pisos que en la parte de adelante tenía un bar incluido. Vendía ollas y productos únicos de limpieza en la calle, traídos de Uruguay, los cuales llevaba en bolsas negras y valijas. También vendía ropa y compraba oro. Una noche, cuando uno de sus hijos estaba estudiando en la universidad, su pareja no estaba y su otro hijo fue llevado a la casa de su tía, le golpean la puerta 3 militares de la triple A diciéndole que si no les abría la puerta se la tiraban abajo. Marta les abre la puerta y al entrar le rompen los teléfonos del bar y su casa. Le dicen que van a investigar si tiene algo sospechoso y empiezan a tirar, romper y arañar todo su hogar. No encuentran nada y se van, pero, le robaron todo. La dejaron sin nada para vender. Lo que más le dolió que le robaran fue una pulsera de oro de su padre”.
Sebastián P. y Yazmin A.
Le consultaron al padre de Yazmin, quien dijo: “se vivía en un constante estado de sitio, donde no existía el estado de derecho, detenían a personas injustamente y no le brindaban ninguna asistencia ni medica ni jurídica, muchas personas fueron desaparecidas por no pensar igual a los militares, por querer vivir en democracia y libres”.
Lautaro A.: "Según lo que pude hablar con mi abuelos, ellos vieron cómo se llevaban a sus amigos por el simple hecho de estar en la calle. Uno de ellos me dijo también, que su abuela estaba enferma y que cuando tenían que ir a visitarla en colectivo, escuchaban bombas y disparos, lo cual les daba muchisimo miedo. No me dijeron más nada porque no es de algo que disfruten o les guste hablar".
Le pedí a mi vecina Marta que me cuente: “Ella vino de Uruguay con sus hijos y su pareja extranjera a Argentina en el 76 antes de la dictadura. Adquirió una casa de dos pisos que en la parte de adelante tenía un bar incluido. Vendía ollas y productos únicos de limpieza en la calle, traídos de Uruguay, los cuales llevaba en bolsas negras y valijas. También vendía ropa y compraba oro. Una noche, cuando uno de sus hijos estaba estudiando en la universidad, su pareja no estaba y su otro hijo fue llevado a la casa de su tía, le golpean la puerta 3 militares de la triple A diciéndole que si no les abría la puerta se la tiraban abajo. Marta les abre la puerta y al entrar le rompen los teléfonos del bar y su casa. Le dicen que van a investigar si tiene algo sospechoso y empiezan a tirar, romper y arañar todo su hogar. No encuentran nada y se van, pero, le robaron todo. La dejaron sin nada para vender. Lo que más le dolió que le robaran fue una pulsera de oro de su padre”.
Sebastián P. y Yazmin A.
Le consultaron al padre de Yazmin, quien dijo: “se vivía en un constante estado de sitio, donde no existía el estado de derecho, detenían a personas injustamente y no le brindaban ninguna asistencia ni medica ni jurídica, muchas personas fueron desaparecidas por no pensar igual a los militares, por querer vivir en democracia y libres”.
Lautaro A.: "Según lo que pude hablar con mi abuelos, ellos vieron cómo se llevaban a sus amigos por el simple hecho de estar en la calle. Uno de ellos me dijo también, que su abuela estaba enferma y que cuando tenían que ir a visitarla en colectivo, escuchaban bombas y disparos, lo cual les daba muchisimo miedo. No me dijeron más nada porque no es de algo que disfruten o les guste hablar".
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